EL CINE PORNO

          La primera vez que vi una película XXX fue en televisión por cable. Creo que tenía 12 ó 13 años. Un tipo estaba viendo porno en su casa. De pronto, la actriz principal empezó a golpear la pantalla de la TV y se dirigió al chavón:

-”Si quieres que vaya contigo, oprime el botón 9″ (o algo por el estilo).

          El hombre aquél oprimió el botón y la mujer apareció en su living room. Tuvieron sexo. Uno a uno los actores y actrices fueron teletransportándose – literalmente – a la casa del afortunado para armar tremenda partuza. Me la jalé riquísimo.

 Bosquejo 1 para “Corazón de Yegua”. Mi diario, 2005.

          Después de aquel primer acercamiento con los videos prohibidos, muchas veces sentí curiosidad al pasar frente a un cine para adultos. De puber, en varias ocasiones estuve tentado a entrar a los cines porno de “La Luna” en Cuernavaca, pero el miedito que da el pudor siempre me contuvo.

          No fue sino hasta principios de este año (2008, a mis 24 añitos) que me atreví. Todo pasó en el centro de San José, Costa Rica…

          Desde el momento en que me decidí a pagar la entrada, sentí en el cuerpo una adrenalina TOTAL. Las luces nunca se encienden dentro de la sala, así que una estrategia que muchos aplican es el uso del encendedor. Sí. Un cine en el que además se puede fumar (WTF !). Cada vez que la flama de un encendedor o algún fósforo aparece, la gente en las cercanías aprovecha para ver quién está a su lado.  Excelente forma de elegir asiento (o mejor dicho, compañer@ de asiento).

          Mientras todo esto sucede, los gemidos, lenguaje sucio, chasquidos, sudor, fluidos corporales, etcétera, no dejan de aparecer en pantalla y, mejor aún, entre la audiencia. Una vez que los ojos se acostumbran a la poca cantidad de luz, es más fácil percatarse de la acción. Si bien hay  películas que valen la pena, lo más emocionante ocurre en las butacas. La cosa se va poniendo candente…

Prostitutas, homosexuales, parejas heterosexuales de todos los niveles económicos, adultos mayores, adolescentes, en fin, todo un abanico de personalidades que comparten una característica común: CALIENTES. Y creo que también tienen un poco de tintes vouyeristas y exhibicionistas. Hombres y mujeres se tocan por igual, ya sea en modalidad SELF-SERVICE, en parejas, o haciendo uso de los beneficios que da la estimulación grupal, ¿por qué no?

          Ver y ser visto. Tocar y ser tocado. El morbo. La oscuridad. El anonimato. La adrenalina. Los gemidos. El sudor. La masturbación. El sexo. Todos aspectos que hacen de la visita a un cine porno una experiencia que vale la pena vivir, por lo menos una vez en la vida.

          Una vez escuché por ahí que si la humanidad cogiera más, el mundo sería mejor. Y creo que sí, ayudaría bastante. Salir de un lugar así, además de la risa nerviosa causada por la posibilidad de que alguien conocido te descubra en la calle, te deja una sonrisa de oreja a oreja en la cara y la condición relax-amor-y-paz post orgasmo. Por si fuera poco, la cine-permanencia-voluntaria aún se conserva en estos sitios de esparcimiento ¡qué conveniente!

         Asi que, solos o en pareja, dejen que su lado pervertido aflore y en lugar de ver porno en internet, en los canales de paga o en dvd’s (casi siempre piratas), vayan al cine XXX y les juro que no se van a arrepentir.


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