Ménage à trois

 

 

A la una, a las dos y a las tres!!!

          En el 2005, empecé una investigación sobre el triángulo, el trío, el tercio, el tres….pero sin muy buenos resultados. Por más que mi queridísma “DIVA”  y yo estábamos presentes en las fiestas más hot, luciendo nuestros encantos, con nuestras mejores garras y con toda la actitud, todos nuestros intentos de engatuzar a alguien más fueron fallidos. Ni hablar.

          No me acuerdo si fue antes o después. Una vez estuve en un trío pero tampoco con mucho éxito. ¿El problema? Los celos. Aunque claro, no de mi parte puesto que yo era el invitado. El problema fue con la pareja que me hizo la propuesta. A la hora de la hora como que se les bajó la calentura y los celos estuvieron a full. Y sí, es complicado.

           Los seres humanos somos cogelones por naturaleza. Ahí tienen la exhibición del acervo erótico censurado – El infierno - que acaba de abrir al público la Biblioteca Nacional de Francia en París.  A pesar de que yo soy super cogelón y me voy a la cama con mucha facilidad, cuando tengo una pareja estable me gusta ser fiel. Hay tiempo para todo ¿no? Y por malas experiencias con mis novias anteriores, que me pongan los cuernos me da en los merititos huevos – como creo que a todos nos pasa. ¿La solución? En lugar de engañar o ser engañado, mejor cojamos los tres.

          Lamentablemente, vivimos en un país de hipócritas. Sí. HIPÓCRITAS. A todos nos gusta el sexo, obvio. Sin embargo, en México coger es algo que se hace pero no dice, se oye pero no se escucha, se mira pero no se ve. Todos somos putas pero…¿qué van a decir mis papás? ¿O los vecinos? ¿O mis amigos? ¿O la virgen de Guadalupe? 

           Leí por ahí (en La Jornada) que en nuestro chiste de país el grupo más vulnerable para el contagio de VIH no son ni los putos, ni los drogadictos, ni las prostitutas. No. Son las señoras casadas. ¿Por qué? Porque sus mariditos andan por ahí, disfrutando con pirujitas (de las que cobran y de las que no) o incluso con otros hombres. De eso la señora ni se entera (o se hace pendeja), por supuesto, y en el momento que le abren las patitas y le meten el pilín ¡ZUAZ! Eso sí, estoy seguro que en sus cabeceras no falta un crucifijo o una imagen de la virgencita y que domingo tras domingo asisten a misa puntualmente. Pero bueno, ésa es otra historia…

          PINCHE INFIDELIDAD, ¿no? Por eso mejor yo vivo bajo la premisa de que “AMAR ES COMPARTIR”. Es difícil, sí. Sobre todo las primeras veces. Por muy jarioso que andaba, al principio me costaba mucho ver a mi pareja actual disfrutar con alguien más. Besos en la boca: impensable. Penetración: IMPOSIBLE. El paso del tiempo y las experiencias nos han ido relajando y ayudado a establecer las reglas del juego (llevamos cerca de 7 meses compartiendo nuestro amor con otras personas).  Y nos ha funcionado MUY BIEN.

        Llevo viviendo 1 año con mi amorcito. Los primeros meses haciamos cositas tres o cuatro veces al día, siempre innovando para no caer en la rutina. Sin embargo, la temida y terrible monotonía sexual tarde o temprano llega. Yo creo que por eso varios y varias que conozco se echan una canita al aire. Lo siento mucho, pero éso conmigo no va. Yo soy más honesto y en ello busco reciprocidad. Llevarnos otras personas a la cama nos ha servido para hacer las cosas más spicy, para explorar nuestra sexualidad y para conocernos y unirnos más.  Al final de cuentas, por más pitos, culos, chichis, bocas, espaldas, piernas, brazos o lo que sea que mordamos, chupemos, besemos, sabroseemos, he aprendido que soy YO la persona con la que mi pareja se va a ir a la cama todos los días, con quien me voy a bañar, a quien voy a cuidar y con quien voy a construir mi proyecto de vida. Ése es el verdadero y más importante aprendizaje de mis socorridos MÉNAGE À TROIS (aunque también el más difícil).

 


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