¿QUIÉN SOY YO PARA SABER QUIÉN SOY YO?
Vaya pregunta, ¿eh?
Si tuviera una respuesta que me convenciera, creo que me ahorraría muchos bajones, además de buenas dosis de bilis, inseguridades y una amplia dotación de suspiros.
¿He tomado las decisiones correctas? ¿Hago lo que realmente me gusta? ¿Llevo la vida que siempre soñé? Y ahora, ¿qué sigue? ¿Qué camino tomar?
Dicen por ahí que la ociosidad es la madre de todos los vicios. En mi caso, los ratos de ocio me llevaron a escribir. Y la escritura a tener una idea cabal de mí mismo. A entenderme. A descifrarme. Compartir mis anécdotas con internautas conocidos y desconocidos me obliga a pensar en ellas, reflexionarlas, tratar de comprenderlas. Y, como consecuencia, ato cabos y descubro un poquitirou más quién soy yo.
Al respecto, me encantaría citar a un excelente-nuevo-amigo-virtual, CFCG:
“…esto del internet es fascinante, nunca antes había existido un medio de comunicación tan íntimo y a la vez tan anónimo… a través de él oscilas entre las más recónditas fantasías de la gente y sus más crudas realidades… o la gente se presenta tal como es en realidad pero no se atreve a ser en su vida cotidiana o como lo que sueñan ser sin tener el coraje de vivirlo. En los extremos de esos rangos hay toda una serie de posiciones intermedias que nos acercan a la intimidad de otro ser humano.”
Me topé (en una biblioteca digital, by the way) con un paper de la University of Warwick que propone que la escritura es una “aventura de autoconocimiento y sensibilidad”:
“People discover or even invent themselves while writing and experience a proximity to their own selves not possible through other means“.
Así que bueno, hasta que logre contestar la pregunta ¿quién soy yo? y mientras haya gente que me lea, seguiré descubriéndome e inventándome a través de este medio.

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